Domingo 2, TO.

Juan el Bautista, señala a Jesús, como el Cordero De Dios y el Hijo De Dios.

El cordero: es un animal, frágil y dependiente. No se muestra agresivo, porque es manso. Es esa mansedumbre y fragilidad, las que le hacen simbolizar tan bien, a Jesucristo, el manso y humilde de corazón.

El Hijo, remite a un padre y una madre. Reclama por tanto, origen en ellos, trayecto y destino, en el cielo. Todos, nacemos con una herida, el pecado original, que se perdona y por tanto, cura con el Bautismo. Pero, hay otra herida , más exterior, ¿cual es?; el ombligo. Esa señal, que todos tenemos nos vincula a un origen, que son nuestros padres. Aquellos, por los cuales, llegamos a este mundo. La madre, que estuvo unida a ti, durante 9 meses. Para darte alimento y calor. / Vamos a dar gracias en silencio, por nuestros padres.

Esta idea, nos hace pensar, en el vínculo que tenemos con Dios. Es espiritual, afectivo, psicológico e incluso físico, cuando el sacerdote te bendice, cuando nos damos La Paz (los primeros cristianos, el beso santo), cuando comulgas, recibes físicamente el abrazo De Dios. Se trata por tanto, de una relación vivencial, donde implicamos alma y cuerpo. Es por tanto, un Amor (el De Dios), integral, que abarca a toda la persona. Me recuerda a esos médicos, que son capaces de extraer un pre diagnóstico, a través de un diálogo, integral, que abarca a toda la historia de la persona. ¿Como estas, como esta tu familia, estas tranquilo/a, de que te han operado, que medicinas tomas?, son preguntas ineludibles, en un diálogo médico y cordial con el paciente. 

Con cuanta más razón, Dios entra en diálogo íntimo con cada uno de nosotros. Nos abarca integralmente con su Amor, nos envuelve y abraza, en cada persona, en cada acontecimiento, en cada Eucaristia o confesión. 

Por último, “El cordero De Dios, que quita el pecado del mundo”: muchos, se acercaban a Jesús, locos, enfermos, endemoniados, pobres, etc, para que los curase. Y así, era. Curaba todas las dolencias del pueblo (y sigue, haciéndolo), Pero, su misión principal, era y es, perdonar pecados. El Bautista, no dijo: mirad al que cura el dolor de cabeza, sino, mirad al que perdona. Es algo, específico De Dios, que cada uno/a debemos aprender, a perdonar, a como diría S. Pablo, no llevar cuentas del mal. Cuantos testimonios, hay de personas, cuya vida cambio, a raíz de un encuentro, un diálogo, un amigo.