Dom XVIII: La mirada de Jesus.

Todos recordamos la mirada de S. Juan Pablo II; muy profunda, llena de misterio e inteligencia y rebosante de ternura. Es la mirada de un enamorado. Con que cariño hablaba de Jesus y le trataba en la Eucaristía. El, llegó a hace se uno con El. En especial en sus últimos años.

Podríamos pensar en la mirada de Cristo, que hemos visto en las películas, pero también en la mirada que describe el Evangelio. Hoy, “miro a la multitud y se compadeció”. El Amor comienza mirando. Los novios, los esposos, se miran y se enamoran. Cristo ha posado su mirada en ti y ha quedado prendado.

La escena que describe el Evangelio, es tremenda porque, acaban de matar al Bautista, y el Señor ya lo sabe, por ello, se retira a solas a orar y a llorar. Cuando has perdido un ser querido, igualmente has buscado la soledad. No es malo, pero hay que saber salir de ella. A Cristo, le viene dado por esa multitud que se le acerca. ¡Que buena medicina para no pensar en uno mismo, es el pensar en los demás!.

Y que buenísima medicina, para ser feliz, el dejarnos mirar y amar por Dios.

Hay muchos momentos en la vida de Cristo, en los que destaca su mirada: cuando mira a Pedro con misericordia, o a la mujer samaritana, o cuando llama a los primeros para que le sigan, o a la mujer adúltera. A todos, les mira con Amor. Y esa es la principal motivación para mejorar, el sabernos amados, comprendidos, perdonados.

En estos tiempos inciertos, por el Covid, necesitamos más que nunca, que Jesus pose su mirada en nosotros. En cada una de nuestras familias. En las que lo están pasando mal. En las que les gustaría cambiar y mejorar. Míranos Jesus, sal a nuestro encuentro, permítenos sentir tu mano amiga, en el tiempo presente.

Se lo pedimos a María, déjarnos amar por Dios. El se compadece y nos invita a cambiar y mejorar. El fin de la pandemia depende en gran medida, de nuestra mejora, la de cada uno. 

AUDIENCIA DEL 18 DE ABRIL DE 2018.

Continuamos, en este tiempo de Pascua, la catequesis sobre el Bautismo. El significado del bautismo resalta claramente en su celebración, por lo que nuestra atención se dirige a ella. Si examinamos los gestos y las palabras de la liturgia, nos daremos cuenta de la gracia y del compromiso de este sacramento, que siempre debemos redescubrir. Lo recordamos en la aspersión con agua bendita que se puede hacer los domingos al comienzo de la Misa, así como en la renovación de las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual. De hecho, lo que sucede en la celebración del bautismo despierta una dinámica espiritual que atraviesa toda la vida de los bautizados; es el comienzo de un proceso que permite vivir unidos a Cristo en la Iglesia. Por lo tanto, regresar a la fuente de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor el don recibido en el día de nuestro Bautismo y a renovar el compromiso de responder a él en la condición en que nos encontramos hoy. Renovar el compromiso, comprender mejor este don, que es el bautismo, y recordar el día de nuestro bautismo. El miércoles pasado puse esos deberes para casa y para cada uno de nosotros: Recordar el día del bautismo, el día en que fui bautizado. Sé que algunos de vosotros lo saben, otros, no; aquellos que no lo saben, que lo pregunten a los parientes, a esas personas, padrinos, madrinas… preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?” .Porque el bautismo es un renacimiento y es como un segundo cumpleaños. ¿Entendido? Haced estos deberes, preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?”. Sigue leyendo