I Domingo de Cuaresma

El Espíritu le empujó al desierto: y allí vivió y oro en soledad y fue tentado. ¿Que razón tenía Dios, para enviar a su Hijo al desierto?: tiempo para orar, pensar, ser tentado como nosotros lo somos y vencer a las tentaciones. Dios, quería que siguiéramos el ejemplo de Jesus, reconociéndole como el Vencedor. 

Jesus, obedece y escucha. Por eso, el desierto, que es un lugar físico caracterizado por la aridez, es también un tiempo fecundo en que podemos escuchar a Dios. La Cuaresma, es el tiempo de desierto que Dios nos ofrece, para poner orden en nuestro interior y escuchar más a Dios. 

Por eso, ¿Como hacer desierto?: haciendo silencio. La oración: es el vestíbulo del encuentro con Dios, el ámbito donde El nos habla y nosotros, le escuchamos. El ayuno, es la mortificación de los sentidos, para percibir claro a Dios en nuestra alma. Tú y yo, podemos ayunar de ruidos, imágenes y murmuraciones. En una palabra, morimos a nosotros mismos, para que El pueda vivir.

Y, la limosna, es la ofrenda que hacemos de nosotros mismos a los demás. Dar tiempo o dinero, es fácil. Son acciones transeúntes, que se hacen y quedan fuera de nosotros. Pero, darnos a nosotros mismos, es bien diferente. Porque en ese darnos también recibimos. En ese darnos, nos encontramos. La acción en si de entregarnos, nos configura por dentro, nos conforma.

Le pedimos a María, poder convertirnos y creer en el Evangelio. Lo primero, consiste en ir a Dios, cerquita de El. Lo segundo, es reconocer en su Palabra, la presencia viva de Dios que se actualiza en los sacramentos, en especial en la Eucaristia. 

Ser Evangelio para los demás, es ser portadores de una Buena Noticia, la de que Cristo, nos ama. 

Feliz Cuaresma!….

AUDIENCIA DEL 18 DE ABRIL DE 2018.

Continuamos, en este tiempo de Pascua, la catequesis sobre el Bautismo. El significado del bautismo resalta claramente en su celebración, por lo que nuestra atención se dirige a ella. Si examinamos los gestos y las palabras de la liturgia, nos daremos cuenta de la gracia y del compromiso de este sacramento, que siempre debemos redescubrir. Lo recordamos en la aspersión con agua bendita que se puede hacer los domingos al comienzo de la Misa, así como en la renovación de las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual. De hecho, lo que sucede en la celebración del bautismo despierta una dinámica espiritual que atraviesa toda la vida de los bautizados; es el comienzo de un proceso que permite vivir unidos a Cristo en la Iglesia. Por lo tanto, regresar a la fuente de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor el don recibido en el día de nuestro Bautismo y a renovar el compromiso de responder a él en la condición en que nos encontramos hoy. Renovar el compromiso, comprender mejor este don, que es el bautismo, y recordar el día de nuestro bautismo. El miércoles pasado puse esos deberes para casa y para cada uno de nosotros: Recordar el día del bautismo, el día en que fui bautizado. Sé que algunos de vosotros lo saben, otros, no; aquellos que no lo saben, que lo pregunten a los parientes, a esas personas, padrinos, madrinas… preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?” .Porque el bautismo es un renacimiento y es como un segundo cumpleaños. ¿Entendido? Haced estos deberes, preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?”. Sigue leyendo