Domingo sexto: (Pascua)

Lo más importante de este Evangelio es: ” como yo os he amado”. Dios, nos pide amarnos y nos indica cómo hacerlo: igual que El, con un Amor de entrega, que unido a la Cruz, es capaz de dar la vida por los demás. No es un amor egoísta o sentimentaloide, sino un amor recio, que endereza nuestra voluntad hacia el bien del otro. 

Esto es muy importante, en cualquier ámbito de la vida, pero sobre todo en el matrimonial: en ocasiones surgen distintos puntos de vista, también desavenencias. En esos momentos, uno tiene la tentación de pensar que solo el/ella tiene la razon. No es verdad. Hay que salvar la proposición del otro y entre los dos, llegar a un acuerdo.

Por otra parte, este Evangelio, esconde una aparente contradicción: Dios, nos manda que nos amemos.  Cuando el amor, lo solemos entender cómo un sentimiento espontáneo, que surge sin necesidad de coerción alguna. Efectivamente, no erramos en nuestra concepción. 

Lo que ocurre, es que Dios conoce muy bien nuestra pasta y nuestra volubilidad. Por eso, nos manda amarnos. Porque sabe que, por muy enamorados que podamos estar, pronto surgirán, los cansancios, los celos, la rutina y en ocasiones las infidelidades. Para prevenir eso, es por lo que nos ofrece el Amor como un yugo suave al que voluntaria y libremente, saber atarnos. 

Un ejemplo, es el matrimonio. Para muchos jóvenes, algo prescindible; si nos queremos, ¿para que casarnos?….Precisamente, es necesario casarse para dotar de estabilidad al amor humano, tantas veces herido por la fragilidad. El planteamiento correcto, es: porque te quiero, deseo vivir eternamente unido a ti y por eso, me caso. De modo que “protejo” ese amor de las inclemencias ambientales y existenciales. 

Otro ejemplo, lo tenemos en la mitología griega: Ulises, temiendo atravesar un trecho del mar lleno de sirenas, antes de llegar con su amada Penélope, pide a sus marinos, que le aten a un mástil del barco y que, bajo ningún concepto, le suelten, de modo que pueda terminar su trayecto, sin haber caído en infidelidad. Pues bien, la institución matrimonial, sería ese mástil que te tiene unido/a a tu vocación matrimonial y con ella, a la persona que más quieres.

Le pedimos a Dios, amar a los demás, como El nos ha amado. En intensidad es imposible, pero no en calidad. Dios, nos ha dado la capacidad de amar, con un amor real, trasparente y limpio a los demás.

AUDIENCIA DEL 18 DE ABRIL DE 2018.

Continuamos, en este tiempo de Pascua, la catequesis sobre el Bautismo. El significado del bautismo resalta claramente en su celebración, por lo que nuestra atención se dirige a ella. Si examinamos los gestos y las palabras de la liturgia, nos daremos cuenta de la gracia y del compromiso de este sacramento, que siempre debemos redescubrir. Lo recordamos en la aspersión con agua bendita que se puede hacer los domingos al comienzo de la Misa, así como en la renovación de las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual. De hecho, lo que sucede en la celebración del bautismo despierta una dinámica espiritual que atraviesa toda la vida de los bautizados; es el comienzo de un proceso que permite vivir unidos a Cristo en la Iglesia. Por lo tanto, regresar a la fuente de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor el don recibido en el día de nuestro Bautismo y a renovar el compromiso de responder a él en la condición en que nos encontramos hoy. Renovar el compromiso, comprender mejor este don, que es el bautismo, y recordar el día de nuestro bautismo. El miércoles pasado puse esos deberes para casa y para cada uno de nosotros: Recordar el día del bautismo, el día en que fui bautizado. Sé que algunos de vosotros lo saben, otros, no; aquellos que no lo saben, que lo pregunten a los parientes, a esas personas, padrinos, madrinas… preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?” .Porque el bautismo es un renacimiento y es como un segundo cumpleaños. ¿Entendido? Haced estos deberes, preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?”. Sigue leyendo