Jueves Santo

“Sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre”; esa hora que aún no había llegado en las bodas de Cana, ha llegado el jueves santo. Es la hora decisiva, la de dejar este mundo y subir al Padre. Todos, llegará un día, que tendremos que pasar también por esa hora. Pero, confiamos que no nos suceda solos, como los que en estos días de pandemia, no tienen a nadie junto a ellos, para recibir esa ayuda y consuelo.

En este sentido, no dudó que la Virgen Santísima y su ángel custodio les estarán asistiendo en ese último momento. A Ella, le rezamos para que ruegue por nosotros en la hora de nuestra muerte. Que no deje nunca de hacerlo.

Pero, piensa un momento; ¿cómo murió Cristo en la cruz?; solo. Hasta sintió el abandono De Dios. “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?….

El silencio De Dios es un misterio, porque hay momentos que parece no estar, pero en el fondo sentimos y experimentamos su presencia.

Es verdad que, como detalla el relato de la Pasión, según S. Juan: … “junto a la cruz de Jesus, estaban su Madre, la hermana de su madre, María la de Cleofas y María la Magdalena, y también estaba, el discípulo amado. Todos, muy importantes en la vida de Cristo. Pero, estaban a distancia como las familias de los enfermos de Covid, que a lo más pueden ver a su ser querido, a través de un cristal. No dudo, que la misericordia y el Amor De Dios envuelven a los enfermos y a sus familias, sino sería imposible.

-Nos situamos en la Ultima Cena: “se levanta de la cena, se quita el manto y …. se pone a lavarles los pies a los discípulos”. Dios se agacha para servir a los discípulos. De igual modo a cualquiera de vosotros, padres y madres, que os inclináis y hacéis lo que haga falta por vuestros hijos, así actúa Dios. Deberíamos temblar y llorar cada vez que Dios se ha inclinado para escucharnos, consolarnos y querernos. Hoy, pensamos y pedimos por los médicos y personal sanitario en los hospitales, por los/las reponedores de los supermercados, los sacerdotes en Ifema o en los hospitales o en las Parroquias que procuramos acercaros a la Palabra De Dios.

-Pedro, le dice: “no me lavaras los pies jamás”. Me recuerda a Juan el Bautista, no queriendo ser bautizado por Jesucristo. O a ti y a mí, cuando diferimos innecesariamente la confesión, no dejándonos lavar por Dios. Todos, tenemos ese prurito que nos ha dejado el “hombre viejo” de resistirnos a dejarnos amar por Dios. No es el problema, dejar de amar, por grave y antinatural que pueda ser, sino, no dejarme amar. Vivir como en una coraza, no es propio ni de un hijo, ni de una hija De Dios.

-Y termina, “también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros, os he dado ejemplo”….Cristo, nos ha dejado el ejemplo de su vida, una vida entregada, pero, no solo eso, porque nos ha dejado su persona, en su humanidad, divinidad, cuerpo y alma, a través de la Eucaristía. Estos días, que no podéis comulgar, solo de manera espiritual, es un sacrificio muy grande para muchos de vosotros. Es un ayuno que ninguno esperábamos. Pero, en esa privación, estoy seguro que Dios permite, que ensanchéis vuestro deseo de recibirle y de esta manera, estáis sin daros cuenta, aumentando vuestra capacidad de acoger el Amor De Dios. Eso ha de ser la Semana Santa, un recoger y acoger las gracias De Dios en nuestra alma para, en la Pascua, verter y repartir esas gracias con los demás. Pero, en ese momento, ya habrán configurado nuestro corazón con el De Dios. El milagro ya se habrá realizado.

Hoy, rezamos por todos los que sirven en la sociedad, día del Amor fraterno, por los sacerdotes en el día precioso de la institución del Orden sacerdotal y damos gracias por el don de la Eucaristía, esperando recibirla pronto. ¡Feliz jueves Santo a todos!.

AUDIENCIA DEL 18 DE ABRIL DE 2018.

Continuamos, en este tiempo de Pascua, la catequesis sobre el Bautismo. El significado del bautismo resalta claramente en su celebración, por lo que nuestra atención se dirige a ella. Si examinamos los gestos y las palabras de la liturgia, nos daremos cuenta de la gracia y del compromiso de este sacramento, que siempre debemos redescubrir. Lo recordamos en la aspersión con agua bendita que se puede hacer los domingos al comienzo de la Misa, así como en la renovación de las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual. De hecho, lo que sucede en la celebración del bautismo despierta una dinámica espiritual que atraviesa toda la vida de los bautizados; es el comienzo de un proceso que permite vivir unidos a Cristo en la Iglesia. Por lo tanto, regresar a la fuente de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor el don recibido en el día de nuestro Bautismo y a renovar el compromiso de responder a él en la condición en que nos encontramos hoy. Renovar el compromiso, comprender mejor este don, que es el bautismo, y recordar el día de nuestro bautismo. El miércoles pasado puse esos deberes para casa y para cada uno de nosotros: Recordar el día del bautismo, el día en que fui bautizado. Sé que algunos de vosotros lo saben, otros, no; aquellos que no lo saben, que lo pregunten a los parientes, a esas personas, padrinos, madrinas… preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?” .Porque el bautismo es un renacimiento y es como un segundo cumpleaños. ¿Entendido? Haced estos deberes, preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?”. Sigue leyendo