Domingo XXIV

En una ocasión, le pregunte a un amigo profesor universitario, ¿como hacía para escribir tantos artículos y libros?. El, me explicó que para escribir hace falta leer mucho, es más, tener sobre abundancia de lecturas. Se comprende pues, “uno no da lo que no tiene” y de lo que hay en el corazón, abunda la boca. Hay que ingerir para luego poder dar…

En relación con la capacidad de perdonar, ocurre lo mismo. El Evangelio, nos dice que hemos de perdonar siempre, que eso es: 70 veces 7. Pero, nos damos cuenta, que poner eso en práctica, es muy difícil. Todos queremos perdonar, pero en este deseo, influyen para su realización, distintos factores: gravedad de la ofensa sufrida, número de veces que la hemos padecido y en su caso, el carácter de cada uno. En definitiva, humanamente, es imposible perdonar siempre.

Por eso, igual que para escribir necesitamos leer, para perdonar, necesitamos abundancia de amor De Amor De Dios. Por tanto, el primer paso es, acercarme al sacramento de la reconciliación para experimentarme muy perdonado con Dios. En segundo lugar, acercarme a la oración y pedir allí por los que me ofendieron. Para que se conviertan. Y, en último lugar, debo tratar al prójimo como Dios me ha tratado. No me pongo a su altura, sino a la altura De Dios y como El, perdonare. 

La Virgen María, ha recibido por parte del Papa Francisco, un nuevo título de Madre de la Misericordia. A Ella acudimos, para que seamos asiduos receptores y transmisores de esa Caridad misericordiosa que el mundo y el hombre de hoy, necesitan.