Domingo XXX

Son parábolas las que escuchamos estos Domingos, que describen la malicia de los que preguntan al Señor. Intentan encontrarle en la respuesta. Se comprende el: “ser mansos como palomas y astutos como serpientes”, del Señor. Cristo es manso para escuchar y astuto para responder, algo muy necesario también, hoy en día.
“¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley?; de los 623 preceptos que integran la Torah, tiene que haber uno principal. “Amarás a Dios con toda tu mente, corazón y ser y añade, al prójimo como a ti mismo”.
Tal vez no te hayas dado cuenta, pero está frase dicha por Jesus y contenida en el Libro del Deuteronomio, constituye la oración judia del Shema Israel, que los judios rezan varias veces al día. De hecho, cuando rezan en la sinagoga, acompañan esta oración de un movimiento del cuerpo hacia detrás y delante, el movimiento de la vela. 
Y si te das cuenta, comienza por: “escucha, amarás al Señor tu Dios….”
Antes de amar, hay que escuchar. No puedo querer al que tengo delante, sino le escucho. Saber escuchar, que es virtud humana y cristiana, requiere prestar atención, de modo que la persona que tenemos delante es lo más importante. La escucha, me lleva a comprender y eso me lleva a sentir con el otro. Eso es compadecer. 
Creo que cuando Cristo nos dejó, este mandato del Amor a Dios y al prójimo, bien sabía cuánto necesitamos ser compasivos con los que nos rodean.
Ante lo incierto de la situación actual, la constatación de la propia fragilidad, el temor al contagio, necesitamos apoyarnos en Dios y desde El, en los demás. Mirarnos con Amor para reconocer en el otro, al mismo Dios. Debemos amar con obras, no solo con palabras (1 Juan 3). Como decía San Agustin: “ama y haz lo que quieras”. Que viene a significar, que lo que hagamos sea con amor. 
Y quisiera terminar con: “y al prójimo como a ti mismo”. No haremos al otro, lo que no queremos para nosotros y en positivo, trataremos al otro, como queremos que nos traten. Si tú quieres que tu marido o tu mujer, te hablen bien, con delicadeza, con cariño, háblale tu bien a el o a Ella. Si quieres que te sonrían, comienza sonriendo tú y si necesitas apoyo en la otra persona, muéstrale que el/ella, puede contar con tu apoyo. Y salvo casos excepcionales, la persona que es tratada con cariño, responderá con ese mismo cariño.
María, Madre De Dios y Madre de los hombres, que nos de un mismo corazón, para amar y sentir, para querer y esperar y sobre todo para creer que es también una forma de amar.