Domingo 5 TO.

“Alumbre así vuestra luz a los hombres y vean vuestras buenas obras”.

Dios, cuando nos pide ser luz para lo demás, no se refiere a la luz, de la inteligencia o la erudición, sino a la luz de las buenas obras. Esas que el mundo necesita, pero no fomenta, ni propone.

En este sentido, los pobres juegan un papel fundamental, porque ellos nos recuerdan, cual es el camino; ayudarles….

No pienses solo en pobres materiales, sino en los que tienen otras pobrezas. De afecto, de compañía, de salud, etc.

Con ellos, no cabe dar buenos consejos, sino implicarnos, para sacarles de su situación o al menos, ayudarles a salir. Cristo, se ha identificado con los pobres y con los que sufren, de modo que en cada uno de ellos, le vemos a El. No basta con colaborar, sino que hay que implicarse. ¿Sabes cuando se aprecia mejor, si una persona colabora o se implica?. En los ámbitos del trabajo y de la familia. En el primero, cuando uno, es capaz de hacer de buena gana, lo que no está en el contrato. Y en la familia, cuando hay que cuidar a un mayor o a un enfermo o a un mayor enfermo. Es ese el momento, en que suelen saltar los egos; “tu haces, tu no haces”, y desde la comparación, nace la confrontación. Cuando lo bueno es ayudar en lo que se pueda, conscientes que, al final nos juzgarán del amor. 

-Cuenta un misionero en la india, que cada vez que ve a los niños, buscando en los basureros algo de comer o cuando les ve tan desnutridos y famélicos, siempre escucha en su interior; “esto es mi cuerpo”…. Y ciertamente, es así, el cuerpo de Cristo, lacerado en la cruz, vuelve a aparecer ante nuestros ojos, cada vez que una persona, niño o adulto, pasa cualquier necesidad material o espiritual.

-Blaise Pascal, filosofo creyente, cuando estaba en sus últimos días por la enfermedad y no podía ya comer nada sólido, dejó de comulgar y les dijo a sus cuidadores: “traedme un pobre”, pues ya que no puedo comulgar, con la boca, que pueda hacerlo con el cuerpo, estando con uno de estos pobres, donde solo veo a Cristo.

Ellos, son bienaventurados, porque tendrán el Reino de los cielos y también, los que nos hagamos sus compañeros de viaje. Esta posibilidad es real, para cada uno de nosotros. Porque, ayudar esta al alcance de nuestra mano. 

M. Teresa, reconocía que, “ni por todo el oro del mundo, haría lo que estaba haciendo; cuidando a los más pobres entre los pobres”. Lo hacia, por Amor a Dios…. Que es, por quien lo hacemos todo. Concretado, en el amor a los demás.

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