Cuarto Domingo Adviento:

Abajarse para ver a Dios. Entrada Natividad. Para entrar en la Basílica de Natividad en Belen, hay que abajares, literalmente. Lo que se construyó así, con fines defensivos frente a los beréberes, cobra un sentido teológico indudable: a Dios, solo se le encuentra en la Humildad. Definimos humildad: andar en verdad. Porque Dios ama la libertad y la Verdad. Si te das cuenta, son virtudes o cualidades del alma, que tienden a darse juntas.
Mejor terapia es ver a Dios y desde El, todo lo demás. La Navidad, ademas de humildad, requiere contemplación. Esa capacidad que nos ha dado Dios, para ver con sus ojos y captar matices imperceptibles para los nuestros. No es solo lo largo y ancho de la vida, sino el volumen y la perspectiva que le confiere Dios.
Explosión de Vida y de Amor. Al ver a Dios, te sitúas en la posición correcta para que El te vea. El Amor requiere mirar. Los amigos, los novios, los esposos, los padres y los hijos, se miran. Esas miradas, llegan al corazón, porque nacen del amor. Cuánto bien nos hizo esa mirada de nuestra madre, cuando andábamos preocupados por algo. Cuánto bien nos hace, mirar una imagen de la Virgen y decirle algo…. Hay calidez en esas imágenes, porque nos ponen en contacto con la Madre.
Seamos Navidad para los demás. Esto no es tan fácil, pero es perfectamente posible. Seamos caritativos con los demás. Poniendo alegria, donde no la hay, luz donde hay oscuridad o escucha y compañía, donde haya soledad. Creo que con estos consejos, tenemos las maletas listas para iniciar el viaje de la Navidad.
Feliz inicio de Navidad. Nos veremos el 24 por la tarde o el 25.


Muy feliz Adviento, la Virgen Maria, te irá mostrando las maravillas que Dios quiere hacer hoy en tu vida.