I Domingo de Cuaresma

El Espíritu le empujó al desierto: y allí vivió y oro en soledad y fue tentado. ¿Que razón tenía Dios, para enviar a su Hijo al desierto?: tiempo para orar, pensar, ser tentado como nosotros lo somos y vencer a las tentaciones. Dios, quería que siguiéramos el ejemplo de Jesus, reconociéndole como el Vencedor. 

Jesus, obedece y escucha. Por eso, el desierto, que es un lugar físico caracterizado por la aridez, es también un tiempo fecundo en que podemos escuchar a Dios. La Cuaresma, es el tiempo de desierto que Dios nos ofrece, para poner orden en nuestro interior y escuchar más a Dios. 

Por eso, ¿Como hacer desierto?: haciendo silencio. La oración: es el vestíbulo del encuentro con Dios, el ámbito donde El nos habla y nosotros, le escuchamos. El ayuno, es la mortificación de los sentidos, para percibir claro a Dios en nuestra alma. Tú y yo, podemos ayunar de ruidos, imágenes y murmuraciones. En una palabra, morimos a nosotros mismos, para que El pueda vivir.

Y, la limosna, es la ofrenda que hacemos de nosotros mismos a los demás. Dar tiempo o dinero, es fácil. Son acciones transeúntes, que se hacen y quedan fuera de nosotros. Pero, darnos a nosotros mismos, es bien diferente. Porque en ese darnos también recibimos. En ese darnos, nos encontramos. La acción en si de entregarnos, nos configura por dentro, nos conforma.

Le pedimos a María, poder convertirnos y creer en el Evangelio. Lo primero, consiste en ir a Dios, cerquita de El. Lo segundo, es reconocer en su Palabra, la presencia viva de Dios que se actualiza en los sacramentos, en especial en la Eucaristia. 

Ser Evangelio para los demás, es ser portadores de una Buena Noticia, la de que Cristo, nos ama. 

Feliz Cuaresma!….