Domingo 13

No hay contraposición o no deberia haberla, entre el amor a la familia y el Amor a Dios. Pero, en este Evangelio, si parece haberla: “Quien ama más, a su padre o a su madre, no es digno de mi…”

Todos, anteponemos el Amor a la familia a otros amores e intereses. Según ello, no seriamos ninguno dignos del Amor De Dios. Pero, si lo somos. Y lo sabemos muy bien. ¿Acaso no hemos vivido preocupados durante la pandemia, pensando en familiares y amigos, que son grupo de riesgo?. Pues, claro que nos preocupa. ¿Acaso no has dejado de ir a misa un Domingo o de hacer unos EE, para cuidar a un familiar enfermo?; claro que sí y realizando esa obra de Caridad te dabas cuenta que, no solo cumplías con tu deber, sino que tú misa, era estar ahí, al pie de esa cama de hospital. 

S. Vicente Paul, solía decir que: “si por atender a un pobre, dejas tu rato de oración, esa atención al pobre, es ya oración”. ¿Cuando nos convenceremos que en la religión Católica, a diferencia de la protestante, a los que aprecio como hermanos en la fe cristiana, no hay contraposición, no es y/o, sino y/y…. Cristo, e Iglesia, y sacramentos y sacerdotes, y así todo…. 

No pretende el Señor, establecer alternativas entre el amor a la familia o el Amor a El. Sino que, Le otorguemos un lugar central en nuestras vidas. Es más, al amar a Dios, amamos más y mejor a nuestra familia, trabajamos mejor, descansamos mejor y somos más felices.

Nunca olvidaré a esa madre, a la que acababan de decirle que su hijo tenía un cancer. Como me decía con lágrimas en los ojos; “ahora comprendo lo que es tomar la cruz y seguirle”. Cada vez que tomo a mi bebe en brazos para llevarle al hospital, es a Cristo mismo a quien sostengo. Y ¿sabe porque estoy tan segura de ello?; porque siento mucho amor. Hacía mi hijo, de los médicos y De Dios hacia nosotros. Creo que está madre había descubierto un océano de fe en medio de ese dolor, porque se había dado cuenta que la cruz no es el dolor, aunque esta conlleve dolor, sino el Amor que nos llega a través de esa cruz. Repito: la Cruz es el Amor que me llega a través de esa persona o esa situación que no comprendo. Y el Amor, no lo desprende ni la persona, ni la situación en si, sino Dios mismo a través de esas circunstancias.

En la PE II, rezamos: “Demos gracias a Dios, porque nos hace dignos de servirle en su presencia”. El nos dignifica y nos saca de nuestra indignidad personal. ¿Para que nos hace dignos?: para servirle en su presencia. Estamos en esta vida para servir a Dios en los demás. No para servirnos a nosotros mismos. La última frase del Evangelio, lo ejemplifica: “quien de un vaso de agua fresca a uno de estos mis pequeños, tendrá su recompensa”. Conocemos personas que están ahora sedientas: de escucha, de comprensión, de misericordia y de amor. Conocemos la fuente de donde brota la Vida, Jesucristo. Lo único que hemos de hacer es: “acercarlos a la fuente, que es Jesucristo”. Es la dinámica de la Caridad: estamos con Cristo, le recibimos y le llevamos. Somos sus portadores.

Poner a Cristo en El Centro, implica compartirlo todo con El. Como esa madre que se introduce en la capilla del hospital, para dar gracias de su embarazo o esa otra, que derrama lágrimas delante del sagrario porque sufre por un hijo, o…(piensa en que momentos, has querido compartirlo todo con Dios). Verás que en esos momentos, aunque no comprendías del todo, fuiste el hombre o la mujer, más felices de la tierra.