Domingo XXVII

“Adauge novis Fidem”, le dicen los discípulos al Señor. Auméntanos la fe, ¿cómo es posible que los que viven con El, han aprendido y compartido de El y con El, sean los mismos que le piden que les aumente la fe. Resulta sorprendente. Es como si el dueño de un banco, o un empresario con gran patrimonio, dijese: me prestas algo de lo tuyo. No tiene mucho sentido.

Pero, si nos paramos a pensar, veremos que si tiene sentido: porque la fe es un don que hay que pedir. No es algo que uno obtenga por ser muy listo, o tener mucho dinero o sencillamente porque quiera. Es un don que Dios, concede a algunas personas, no por ser mejores sino porque El así lo quiere. Y, una vez recibido, hay que hacerlo fructificar.

Estamos en el mes del rosario. Esta bella oración que para algunos es una mera repetición de avemarías. Y realmente lo es, pero con un sentido mucho más profundo. Decía San Juan Pablo II, que con el rezo del rosario, nos asomamos a la vida de Cristo, por medio de la contemplación de los momentos mas importantes de su vida. Por eso, el rosario y la Sagrada Escritura están íntimamente unidos. Podemos decir que el rosario es una oración bíblica. Este lunes, celebramos a la Virgen del Rosario. Siempre se la representa con Jesus sostenido en un brazo y con el rosario en la otra mano, entregándoselo a Santo Domingo. Resulta muy expresiva esa iconografía porque nos dice en una imagen que significa rezar el rosario: contemplar a Cristo.

Acudir a María es una mejor arma para tener fe. Y, la segunda idea de este Evangelio es la humildad. “Siervos inútiles somos”; es bueno reconocer que todo lo que hacemos bien, no se debe solo a nuestros méritos o capacidades, sino a la ayuda que Dios nos presta en nuestra vida. Por eso, el mérito y la gloria son de De Dios. A veces, sin darnos cuenta nos ponemos en situación de acreedores De Dios, como si El nos debiera algo. Como si le pudiéramos exigir cosas: salud, dinero, un hijo. Sin darnos cuenta que somos sus hijos y como tales llamados a servirle. Cuántos dolores y problemas y preocupaciones, no nos evitaríamos si supiéramos, comprender  lo que El nos dice.

He conocido personas que han pasado por situaciones complicadas en su vida y que,  después de enfadarse con Dios, mostrarle su enfado, cuando han aceptado que a Dios no se le exige, sino que se le quiere, han empezado a ser felices porque habían comprendido que eso que les ocurría no era una maldición, sino sencillamente la Voluntad De Dios, siempre encaminada a un bien mayor.

Virgen María, en su advocación del Rosario, no hacer, ni desear más, ni menos que lo que Dios quiera….

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