Domingo 16 de junio

Hemos comenzado, haciendo la señal De la Cruz: hemos llevado la mano a nuestra frente, queriendo significar el deseo de elevar el pensamiento a Dios. No quedarnos sólo en las cosas triviales de la vida. Después, hemos dirigido la mano al pecho, queriendo que nuestros actos y deseos estén presididos por el fuego del Amor De Dios. Y finalmente, hemos tocado ambos hombros, como para ensanchar el horizonte de nuestra vida. Señor, tú lo abarcas todo, conoces nuestros pensamientos, tú sabes cuando me siento y me levanto, nos dice el salmo….

Icono ruso, Nicolas Pablev: descripción de la Santísima Trinidad. Desprende paz y unidad. La misma paz y unidad que se dan en Dios mismo y en todo lo creado, que es reflejo de su bondad.

En una ocasión un niño en catequesis nos preguntó: ¿por que Dios no era sólo una persona?; efectivamente podríamos pensar que sería más sencillo. Pero, sucede que para que Dios sea Amor, ha de haber distintas personas, que se relacionen entre sí; el padre, se relaciona con el Hijo por medio del Espíritu Santo. Y a su vez, Dios se relaciona con cada uno de nosotros, por medio de ese mismo Espíritu.

Hasta aquí, nos queda claro porque son tres personas y un solo Dios. Pero, aún nos queda comprender que cada uno de los cristianos por nuestro bautismo, participamos del ser De Dios y por tanto de su unidad.

Dios es familia y nosotros pertenecemos a esa familia. Dios nos unifica por dentro, cuando dejamos que su gracia actúe en nuestra alma. Celebrar hoy a Dios Uno y Trino, nos recuerda que también nosotros estamos llamados a vivir en unidad. Con nosotros mismos, con Dios y con los demás.

Hoy tenemos en Navacerrada (algunos en esta misa), a un grupo de psiquiatras que estáis debatiendo y estudiando cuestiones relacionadas con la mente y el comportamiento humanos. Vosotros nos podríais explicar de un modo muy claro, las causas y el remedio de las heridas psicológicas que nos rompen por dentro.

Los sacerdotes que actuamos como mediadores entre Dios y los hombres, tocamos todos los días las heridas del alma. Miedos, soledades, tristezas, etc.

En muchos casos, lo que nos encontramos, son personas que por los embates de la vida se han desestructurado y toca la tarea de ayudarlas a recomponerse. Pues bien, la recomposición interior de un alma, pasa siempre por su encuentro con Dios. Y a eso nos invita esta Solemnidad: mirando a Dios y dejándonos mirar por El, reconocer que hay aspectos de nuestra vida que necesitan ser reunificados. El brexit, los nacionalismos y los divorcios, no ocurren porque si. Son la prueba evidente de que algo falla en el corazón del hombre. Actualmente, existe falta de unidad interior en el alma humana.

Vivimos tan volcados hacia fuera, con tantos reclamos exteriores, yendo tan deprisa, que olvidamos muchas veces, el cuidado del alma. Y así nos va: depresión, ansiedad, y todo el elenco de dolencias que pueden afectar nuestra alma.

Le pedimos a María, Madre nuestra, Templo y sagrario de la Santísima Trinidad, que nos ayude a vivir en unidad con Dios, por medio de la vida sacramental, con los demás, a través de la caridad y con nosotros mismos, por medio de la reconciliación sacramental. Solo así, reflejaremos la unión que existe entre las tres divinas personas y podremos vivir también nosotros en esa unidad, presupuesto para la felicidad que disfrutaremos en plenitud cuando lleguemos al cielo.

Dr. Rojas: si la gente se confesase más, habría menos depresiones. Lo dejamos para la reflexión personal y para la oración.

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