Domingo de Pentecostés

Hemos recibido con tristeza y sorpresa la noticia de la muerte de Noah Pothoven, joven holandesa de 17 años. Le han dejado morir, por decisión propia, debido a el daño psicológico que sufría, desde que fue violada. Realmente, no cuesta entender ese daño psicológico en una chica que a edad tan temprana, ha sufrido semejante vejación.

Lo que si cuesta comprender y así nos lo ha dicho el Papa, es que no haya habido modo alguno de sanar esas heridas, acompañando y queriendo a esta chica. Todos sabemos que hay circunstancias en la vida, que causan tal sufrimiento en la persona que las padece, que requieren ayuda psicológica y en muchos casos, una terapia adecuada.

No ha sido suficiente en el caso de Noah y ella misma a pedido, que le provocasen o al menos le dejasen (viene a ser lo mismo) morir.

Sabemos todos, como la compasión puede llegar a difuminar los límites que separan un acto de misericordia, de un acto cruel e inhumano como el que referimos.

Creo que estamos de acuerdo en que esta niña, necesitaba ayuda y sin negar que se la hayan dado, al final le han aplicado la peor medicina, dejarla morir (la medicina que mata no deja de ser una gran contradicción).

Y, ¿por que digo esto?: pues, porque en la vida cada uno de nosotros sufriremos muchas muertes: de seres queridos, muertes espirituales (por nuestros pecados), psicológicas, laborales, morales y afectivas, entre otras. También experimentaremos muchas resurrecciones: curaciones, resolución de conflictos, reconciliaciones, éxitos profesionales y personales. Pero, ni las unas (muertes), ni las otras (resurrecciones), serán lo más importante en la vida. Sobre todo, porque siempre se darán entrelazadas y sucederán para ayudarnos siempre, a crecer y madurar como personas.

Hay Alguien, que nos proporciona Vida, que se llama Espíritu Santo. El, es el que vendrá, a enseñárnoslo todo. El es el Dador de Vida. ¿Por que no han ayudado a esta niña, tan herida por dentro, a descubrir que Dios Amor, la queria y que estaba deseando verla feliz, una vez se hubiera curado?; seguramente, por lo mismo por lo que nadie le ha dicho que cuando un ser humano sufre, lo que más le cura es el Espíritu Santo. No podemos imaginar el poder sanador De Dios en el alma y en el cuerpo, cuando le dejamos entrar.

He tenido experiencia de personas aquejadas de dolencias exteriores y también interiores: psicológicas, espirituales o morales, que cuando se han puesto delante De Dios Amor, con disponibilidad de curarse lo han hecho. El las ha curado.

Le pedimos al Espíritu Santo que descienda sobre nuestros corazones, que sane nuestras heridas y que llene de su alegría, Vida y paz, el alma de los creyentes. De fe, la de los no creyentes y de luz, la de los indiferentes.

Ven Espíritu Santo, manda tu Luz desde el cielo, sana al que busca sanarse, cura el corazón enfermo. AMEN.

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