Domingo II Cuaresma:

La pasada semana fallecía un sacerdote, hermano del actual obispo de Avila, que como sacerdote, se dedicó a dar clase de Teología y a ser formador en un seminario internacional en Pamplona. Era una persona muy alegre y entregada. En su tesis doctoral, profundizó en San Cipriano de Cartago, un Padre De la Iglesia del Siglo III. Este santo solía decir que: “los cristianos hemos de ser aquello que creemos”. Total nada. Si creo en Cristo, debo ser Cristo. Y creo que D. Juan Antonio, que así se llamaba este sacerdote, tomó la frase como lema de su vida sacerdotal.

Este ejemplo, nos puede ayudar a entender que la Transfiguración no es solo un acontecimiento Cristologico importante, sino que es algo que tú y yo, estamos llamados a vivir, para transparentar a Cristo en nuestra vida. Cuando estamos cansados y nos ponemos a hacer los deberes con los niños, cuando tengo que sonreír aunque no me apetece, cuando como con la familia el domingo, cuando estoy solo/a en casa (también ahí, transparentó a Cristo).

Moises y Elias, parece que han venido a aguar la Fiesta: El Señor tiene que padecer. Le recuerdan el paso por la Cruz, justo cuando más contento esta. Es como si en tu cumpleaños, un amigo te dijera: oye, que tienes que pagar la hipoteca. Le dirías: déjame que celebre mi cumpleaños. En realidad, Moises y Elias ayudan a unir Pasión y Pascua. Ni solo Pasión, ni solo Pascua. La una, es camino para la otra.

Pero, ciertamente que en la vida a veces encontramos personas aguafiestas, que son las que ponen un pero a todo; se está muy bien, pero… O, que buena comida, pero…. Y así todo. Un cristiano, es realista y por ello optimista, porque la percepción de la realidad, le lleva a poner el corazón en Dios.

Seamos positivos para transparentar a Dios, mirémosle a El y no tengamos miedo, de que otros puedan verle en nosotros. A Dios le gusta mostrarse, no exhibirse. Se muestra y a la vez, se esconde. Es el Deus absconditus, que está pero no está, se muestra y no se muestra. Es el claroscuro de la fe.

Además de esta alegría que supone la Transfiguración y del optimismo que brota de nuestro corazón, este acontecimiento único, nos recuerda la importancia del cuerpo humano. Cristo, a través de su rostro humano, manifiesta su divinidad. Tú y yo, por medio de nuestro cuerpo, manifestamos, sociabilidad y amor. No tengo cuerpo, soy un cuerpo y un alma. Y eso me confiere una dignidad especial, que me lleva a vivir el orden en el Amor, con libertad, con respeto, con alegría.

Cuando el sacerdote eleva la Hostia blanca y la muestra a los fieles, ahí está Cristo transfigurado. Cada vez que tú y yo, entramos en oración, permitimos que el Tabor de nuestra corazón se deje abrazar por Dios en su Santísima Trinidad. Que el Padre y el Hijo por medio del Espíritu Santo, nos acompañen en esta Cuaresma.

¡Feliz Domingo!.

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