Primer domingo de Adviento

El Evangelio de este Domingo, nos pone delante de la persona de Juan el Bautista, que predicaba un bautismo de conversión, alejado del mundanal ruido, en el desierto.

Lo primero, entendamos que sea ese bautismo de conversión: es la predicación que prepara a los que le escuchan para recibir un día (cuando llegue Cristo) el bautismo sacramental. Venía a anunciar la necesidad de conversión que todos tenemos. Tú y yo, como bautizados por medio del Sacramento y en el Espíritu Santo por tanto, no necesitamos de ese bautismo de conversión. Pero si, hemos de comprender su significado, pues sí que estamos necesitados de conversión.

En cuanto al desierto, normalmente recurrimos a esa metáfora para hablar de un lugar que está despoblado, sin gente. Y decimos, la calle, era un desierto. No había nadie. Como la plaza del pueblo, un domingo por la tarde.

Pero, en la Biblia, el desierto es el lugar para encontrar a Dios. Igual que la montaña. Según esto, hay en nuestra vida o debería haber, momentos de desierto, para encontrarnos a nosotros mismos y poder encontrar a Dios.

No nos damos cuenta, pero los agobios de la vida, las preocupaciones, nos tienen tan ocupados que no podemos ver a Dios, ni en nosotros, ni en los demás. Es el momento para parar un poco y rezar. Los EE, son una buena oportunidad para ello. S. Ignacio de Loyola, vio en ellos el medio adecuado para “ver y sentir, gustando interiormente a Dios”. El silencio nos abre las puertas de la oración y esta, nos abre al diálogo con Dios.

Aprovechemos estos días tan propicios de adviento, para, en medio del ruido, hacer silencio y rezar.

Ya habrá tiempo para ir de compras, para las reuniones familiares, pero ahora hasta al menos el tercer domingo de adviento, procura encontrar ese espacio y ese tiempo de silencio que te abra a Dios.

¿Cómo vivir bien el adviento?;

  1. Confesando: es cómo limpiar la casa cuando viene un invitado. Lo adecentamos todo. Igual con Dios. Para que venga a mi corazón le preparo un sitio.
  2. Poniendo paz: en las relaciones humanas surgen conflictos. No siempre es fácil. Pero, que no sea fácil, no justifica que no lo hagamos. Poner La Paz en lo que dependa de nosotros. Paz en la familia, en el matrimonio, con los hijos, en el trabajo. Un cristiano, allá donde esté es un promotor de paz.
  3. Teniendo caridad: es claro que hay personas que no tienen lo necesario para vivir. Han de ser nuestra prioridad. Ahí están las Caritas parroquiales. Pero, existen otras pobrezas a veces más encubiertas. En estos días de Navidad, nos reuniremos las familias. Es un motivo de alegría, pero hay personas que están solas. No olvido cómo me explicaban unas religiosas que en los días de Navidad, reciben muchas peticiones de personas solas, para pasar la Nochebuena con ellas. Es un tema muy grave: en Navidad es cuando más suicidios hay. Es el momento en que se echa de menos a los que no están: porque se han ido a otro país, porque permanecen en país de origen para los emigrantes, o porque han fallecido./Poner caridad en esas situaciones es, acercarnos al que sufre y darle el consuelo y la cercanía y del amor.

M. Inmaculada es camino y puerta privilegiada para el adviento.

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