Dom XV, TO, Apostolado y descanso

Ayer por la tarde, muchos hemos visto la final del Mundial entre Croacia y Francia. Leía el otro día que el entrenador del Croacia, Dalic, es un buen católico con mucha devoción al rezo del rosario; dice, literalmente: “siempre llevo el rosario en el bolsillo y cuando las cosas se complican, lo cojo y rezo con él”.

“Todo lo que he conseguido en la vida, tanto en el plano familiar como profesional se lo debo al buen Dios, por la motivación y fe que me da”.

Como sabéis Croacia en la antigua Yugoslavia, es un  país en el que coexisten católicos, musulmanes y ortodoxos. El Santuario mariano de Medgujorje, ejerce una gran atracción en mucha gente, como lugar de peregrinación y de oración.

¡Qué importante es que cada uno nos demos cuenta de cuanto valor tiene la fe cuando se vive!…

¿Qué es vivir la fe?: lo primero que conviene aclarar es que no es: vivir la fe, no es hacer cosas raras. No requiere que tengas que predicar subido en un taburete en la plaza del pueblo o ir por la playa, vestida de monja sin convento…

Vivir la fe es: compartirla con los demás. De ahí, el Evangelio de este domingo. Cristo envía a sus Discípulos de dos en dos, más bien ligeros de equipaje y a predicar el Reino de Dios.

Pero, les dice: “id a predicar que el Reino de Dios está cerca”…. ¿Cómo voy a transmitir esta idea a la gente si yo no estoy cerca. Para evangelizar hace falta, primero ser evangelizado y segundo salir donde está la gente a llevar allí la Palabra de Dios. Pero, insisto, sin cosas raras, siendo tú mismo, el Reino de Dios.

Y, uno puede aprovechar que está con los amigos en una terraza tomando cerveza bien fría, para hablar de Dios, sin dogmatismos, sin imposiciones, simplemente compartiendo una experiencia. Así, el apostolado de las terrazas es de un enorme valor en verano.

O, en la piscina, auténtico areópago acuático, en el que además de leer, bañarme y jugar a las cartas, puedo poner esa pizca de luz y de sal que me da mi condición de cristiano.

Que, en estos días de verano, sepamos descansar cambiando de actividad, acercándonos más a Dios (adoración de los jueves, oportunidad) y acercándome más a los demás. Ser Reino de Dios pasa por querer e interesarme por el que tengo al lado.

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