Domingo de la Ascensión del Señor. Mirad al cielo….

El misterio de la Ascension que hoy celebramos, constituye junto con la Pasión, muerte y Resurrección del Señor, lo que llamamos el misterio pascual. Es así, porque a través de cada una de estas situaciones, el Señor ha pasado por nuestra vida.

Hemos escuchado en la primera lectura, que, una vez subió al cielo, una nube se lo quito de la vista: es el modo de expresar el autor de Hechos, que ya había entrado en el cielo. Dicen que cuando un ser querido entrega el alma al fallecer, además de dolor, en ocasiones se experimenta La Paz. Signo ineludible de que esa alma ya está en el cielo. No deja de ser una gracia muy importante.

 

¿Te imaginas cómo han quedado los discípulos después de la Ascension?; descolocados. El que les ha enseñado todo y El que acaba de darles una misión: proclamad el Evangelio, se ha ido. Lo podemos comparar con la ausencia física de seres queridos que se nos han ido: por un viaje, un trabajo o de un modo más permanente que no definitivo, con la muerte. Hay momentos que los recordamos: su sonrisa, su alegría, su vida en definitiva. Eso, nunca se olvida.

 

Y, tal vez que nos puede ayudar el Evangelio de este domingo, para reavivar nuestra conciencia de cielo.

 

Ya os conté en una ocasión: la directora del cole que prohíbe al capellán volver a hablar a los niños del cielo, pues lo había explicado tan bien (habrá todo lo que os gusta), que todos llegaron a casa, diciendo que querían morirse.

 

Fuera de bromas; es bueno y necesario, pensar en el cielo, manteniendo los pies en la tierra, conscientes que somos seres inacabados, que no podemos hacernos a nosotros mismos (de manera plena), sino que hemos de esperar al encuentro definitivo con Dios, para lograr esa plenitud.

 

Y traer a la mente y al corazón, que Cristo en su Ascensión, permite que su Humanidad Santísima con las huellas de su Pasión, lleguen al cielo. Podríamos decir que, ahí hemos alcanzado nuestro destino. Dicen los teólogos, que la intercesión de Cristo por los hombres, se materializa en el momento en que Dios Padre, besa las llagas de Cristo glorioso al momento de su Ascensión. En esas llagas estamos cada uno de nosotros, con nuestras necesidades, alegrías y tristezas.

 

Los Apóstoles, una vez Cristo sube al cielo, quedan orando con María. Es bueno, dedicar más tiempo a estar con Ella en este mayo; las romerías, el rezo del rosario, las flores a María, son costumbres que nos recuerdan que somos hijos, porque tenemos Padre y Madre.

 

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